Sala 4. La radicalización de la lucha

Cuando inició la Revolución Mexicana varios grupos que no eran del todo afines a Francisco I. Madero se unieron a su lucha porque veían en ella muchas posibilidades de derrocar a Díaz. eso en sí mismo, pensaban, era una razón para unir fuerzas. Por otro lado los contenidos del Plan de San Luis firmado por el propio Madero les garantizaban de alguna manera que sus propias reivindicaciones sociales se cumplirían. Mientras tanto los anarquistas liderados por Ricardo Flores Magón alertaban desde el periódico Regeneración que no confiaran en Madero, ya que con él, sólo cambiarían de presidente y no de régimen y que además no tardaría en traicionarlos. El mismo Pascual Orozco titubeó para unirse a las fuerzas maderistas a las que rechazó en una primera invitación a unírseles, pero al ver que el propio Madero encabezaba personalmente la lucha se inclinó por la unificación, pero sus dudas seguirían; dos días después de la toma de Ciudad Juárez, Orozco sintió que Madero solo los habla utilizado y que los estaba traicionando, así que se decidió aprehenderlo y llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias.

Esta vez Madero logró convencerlo de que luchaban por una misma causa.

Las diferencias con otros grupos armados en el resto del país se hicieron sentir inmediatamente después de los tratados de Ciudad Juárez. Emiliano Zapata, en el sur, desconfiaba del nuevo gobierno provisional emanado de dichos tratados y se negaba a deponer las armas, finalmente sus problemas con Madero se acrecentaron y a tres semanas de que éste asumió el cargo de presidente de la república, lanzó el Plan de Ayala desconociéndolo y llamándolo traidor de los principios revolucionarios. A principios de 1912, Orozco también se rebeló en Chihuahua llamando a una nueva insurrección nacional.